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Experiencia de Itziar

Este verano realicé mi cuarto voluntariado internacional. Esta vez con la ONGD Kulli. Se me hace realmente difícil explicar cuanta energía emana la organización (las familias, los/as niños/as y Raquel y Francisco). Cada momento allí ha sido especial, desde el momento en el que llegué (que me sentí totalmente arropada por las trabajadoras y voluntarios que ya estaban allí) hasta el que me fui (con los ojos vidriosos y mucha melancolía en el corazón).
Sentimentalismos aparte, he de decir que la organización cuida muchísimo de los voluntarios, no solo teniendo en cuenta sus gustos, preocupaciones y habilidades, sino ofreciendo una gran variedad de proyectos a los que aportar y sentirse participes. Bajo mi punto de vista, a veces es complejo sentirse útil en contextos desconocidos o alejados a tu realidad y, por ello, valoro tanto la organización y puesta en marcha de Kulli.
Disfruté de todas y cada una de las mañanas pasadas en el Alto y, si pudiera volver atrás, ahora no vaciaría mis deportivas de arena para todavía sentirme un poquito allí. Echo de menos sonrisas, miradas, abrazos y caricias. Por eso sé que volveré y también sé que, cuando lo haga, volveré a ser recibida con los brazos abiertos.
Finalmente, aunque cada experiencia sea única e irrepetible, para mí, la convivencia con los voluntarios también ha sido un pilar fundamental de lo vivido. He aprendido y disfrutado mucho. Y ellos también han hecho que cada día sea especial.
Gracias, gracias y… laster arte!!

ITZIAR URIARTE CRESPO. Vitoria-Gasteiz

2018-07-27